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LA XIV BRIGADA INTERNACIONAL EN LA BATALLA DE LOPERA *
Antonio Pantoja Vallejo y José Luis Pantoja Vallejo
Doctor en Ciencias de la Educación y Doctor en Historia respectivamente

Nuestra contribución a la página Web de nuestro paisano y amigo Luis Miguel Sánchez Tostado “La guerra civil en Jaén” (/) está relacionada con nuestra última obra publicada recientemente por la Excma. Diputación Provincial de Jaén en conmemoración del 70 aniversario de la Batalla de Lopera. Bajo el título “La XIV Brigada Internacional en Andalucía. La tragedia de Villa del Río y la Batalla de Lopera”, se recogen los hechos acontecidos en Lopera durante las navidades de 1936 cuando esta Brigada se dirige a la localidad a fin de frenar el avance de las tropas enviadas por Queipo de Llano al mando del Teniente Coronel Luis Redondo.

(*) Todo el texto que conforma este artículo ha sido extraído íntegramente del libro Pantoja, A. y Pantoja, J.L. (2006). La XIV Brigada Internacional en Andalucía. La tragedia de Villa del Río y la Batalla de Lopera. Jaén: Excma. Diputación Provincial. Para ampliar la información aquí recogida remitimos al lector a una lectura pormenorizada del mismo.

 

FORMACIÓN Y ADIESTRAMIENTO DE LA XIV BRIGADA INTERNACIONAL

La XIV Brigada Internacional (BI) se formó de forma apresurada en Albacete, como casi todas las tropas internacionales. Un contingente de voluntarios internacionales salió en tren de Barcelona el día 16 de diciembre de 1936, llegando a Albacete el día 17. Lo componían un nutrido grupo de soldados provenientes de toda Europa, especialmente de Francia, Inglaterra, Irlanda, Bélgica, Holanda y Alemania. En el mismo andén estaba esperándolos Ralph Fox, escritor y defensor de los derechos humanos, integrado en la XIV BI. Al frente de las brigadas estaba André Marty.

La XIV BI estaba dirigida por el teniente coronel Karen Swierzewski, al que se conoció durante toda la contienda como general Walter, experimentado militar, disciplinado y buen estratega. La Brigada quedó formada por cuatro batallones: el 9º, 10º, 12º y 13º, una batería de artillería y otras unidades complementarias. El primero sólo combatió en Villa del Río (Córdoba), mientras que los tres restantes tuvieron una actuación destacada en la Batalla de Lopera.

El 10º Batallón se conoció con el nombre de Vaillant-Couturie, militante del Partido Comunista francés y redactor del periódico “L’Humanité”. Estaba mandado por el capitán belga Rasquín. Su formación había tenido lugar en la Roda, Mahora y Tarazona de la Mancha. Lo formaban cuatro compañías.

El 12º Batallón se denominó “La Marsellesa” (tras la Batalla de Lopera se cambiaría el nombre por Ralph Fox). Lo formaban unos 670 soldados voluntarios (Monks, 1985), casi todos franceses, mandados por el teniente coronel Gaston Delesalle.

Por último, el 13º Batallón se denominó inicialmente Henri Barbusse. A su frente se colocó al capitán de reserva francés Joseph Putz, un alsaciano veterano de la guerra de 1914-18.

El entrenamiento lo hicieron en grupos pequeños utilizando las armas obsoletas que tenían disponibles, insuficientes para todos en los primeros momentos. La brigada disponía de tres autos blindados modelo FA-1, de los cuales dos intervinieron en la Batalla de Lopera. El equipamiento de la brigada se completó con un casco francés, Adrian modelo 26.

 

PRIMEROS ENFRENTAMIENTOS

En la mañana del domingo 27 de diciembre las tropas del Teniente Coronel Redondo entran en Lopera sin encontrar prácticamente resistencia. Enseguida se traza una línea de trincheras en los alrededores del pueblo en su parte norte y noroeste y se instalan las tropas en distintos lugares de la localidad, entre los que destacan el Grupo escolar (actual colegio “Miguel de Cervantes”), al que denominaron “La Veterinaria” por su similitud con el cuartel que sirvió a los franquistas en Córdoba.

Ese mismo día los Batallones 10, 12 y 13 de la XIV BI hacían una descubierta para acercarse al pueblo. Por la carretera de Andújar un grupo de soldados semiocultos entre los olivos se aproximan lentamente a Lopera escoltando a los dos autos blindados ligeros tipo FA-1 de la brigada.

A la altura del camino de Marchal, a unos dos kilómetros y medio del pueblo, las tropas internacionales se encuentran con dos loperanos simpatizantes de la República, Juan Francisco Oviedo García y Manuel González Carmona, siendo alcanzado éste por una bala y murió en el acto. Fue la primera víctima de la Batalla de Lopera, un civil. Este hecho marca el inicio oficial de la batalla.

 

LA BATALLA DE LOPERA

Hacia las 4 de la tarde de ese mismo día 27 según Copado (1937: 196) todos los batallones se ponen en acción tomando como eje de operaciones el terreno entre el camino de Marmolejo y la carretera de Andújar y ambos lados de los mismos. La referencia en el avance eran el arroyo de las Casillas y los cerros de la Casa y el Calvario, una zona muy accidentada, sin grandes elevaciones, pero con continuos cortados, sin apenas vegetación y con subidas continuas que hacían difícil avanzar con ametralladoras pesadas. En su avance los soldados internacionales empiezan a abandonar las placas de blindaje de las ametralladoras pesadas, e incluso los útiles para comer y así evitar los reflejos del sol y ser reconocidos por la aviación fascista.

Así comienzan a avanzar con cobertura de ametralladoras pesadas y artillería. De igual forma, abre fuego la artillería nacional. Empiezan las primeras bajas, pero no para todos los batallones internacionales por igual. El general Walter le asigna a la compañía británica del 12º Batallón todo el peso de las operaciones y ordena el siguiente avance:

  • 13º Batallón: Zona en estrechamiento entre el camino de Marmolejo y carretera de Andújar. Cobertura al 12º Batallón.
  • 1ª compañía del 12º Batallón: Desde la carretera de Andújar hasta el camino de Arjonilla. Fox ya les había explicado a sus compañeros la misión encomendada de tomar el pueblo de Lopera, que a su juicio iba a ser una tarea fácil. Sin duda, estaba siendo muy optimista.
  • Resto del 12º Batallón: Desde el camino de Arjonilla hasta pasado el camino de las Arenas, ya mirando hacia Porcuna.

El capitán Nathan dirige con energía y valor a la compañía inglesa. Es el primero en iniciar las hostilidades. La compañía estaba intentando moverse en la formación que habían ensayado para campo abierto, esto es, tres secciones en forma triangular y dentro de cada una, tres grupos repitiendo el patrón del triángulo a una escala menor. El cerro estaba pelado absolutamente, nada les protegía. Nathan tomó aire y subió con agilidad hasta la cima, los requetés estaban en el cerro del Calvario y él los divisaba perfectamente con sus prismáticos cómo asomaban sus cabezas de las trincheras. Descendió loma abajo, agachado a salvo de las balas. Allí levantó las manos ordenando parar el avance, diciéndoles al mismo tiempo (Monks, 1985): “¡Gritad! ¡Dadles algo de lo que tener miedo!”.

Nathan exclamó de nuevo ¡Cargad! y, a la vez que blandía su bastón sobre la cabeza y tocaba su silbato con fuerza, comenzó a gritar con todas sus fuerzas al mismo tiempo que corría en primera posición: “¡En avant, mes dames! ¡En avant, mes dames!”.

La loma que se iniciaba más adelante llevaba al cerro del Calvario, una de las claves de la batalla, lugar donde se enfrentarán repetidas veces los contendientes. Desde allí había un excelente dominio del terreno hasta Lopera, pero a la vez permitía que les llegase fuego cruzado desde el cerro de San Cristóbal y desde la otra parte del camino de Arjonilla.

Las batidas y retiradas permanentes de Nathan y sus hombres fueron dejando innumerables bajas a lo largo de los cerros pelados. Llegaron a estar a menos de 300 metros del pueblo, pero tenían grandes dificultades para avanzar más, les llegaba mucho fuego cruzado del enemigo y estaban sufriendo muchas bajas. Los requetés y regulares estaban muy bien situados y dominaban el terreno desde el cerro de San Cristóbal y desde las trincheras excavadas cerca del pueblo, además contaron con el apoyo de aviones Fokker y Junkers (varían según las versiones) que no pararon de hostigar a los republicanos desde el aire, causándoles continuas bajas.

Entre los brigadistas había mucho nerviosismo, las secciones se habían desperdigado por los montículos y cañadas, se echaba de menos apoyo aéreo (que nunca llegaría) y más fuego de sus ametralladoras pesadas. Reinaba mucha confusión. Comienzan los primeros problemas con las ametralladoras pesadas Chauchat francesas que no cesan de encasquillarse continuamente. Empiezan a escasear las municiones que, para colmo, no sirven igual para todas las armas al ser de diferentes marcas y calibres.

La falta de enlace telefónico constituye una traba muy importante en este terreno tan quebrado. El teniente coronel Delesalle al mando del 12º Batallón, situado como sería normal en él a lo largo de toda la confrontación, muy detrás de sus hombres, envía a su agente de enlace Uszer Abramovicz para ver qué ocurre. Éste vuelve con la información de que las armas están encasquilladas (Delperrié, 1982: 140). El fuego fascista no cesa y entre los ingleses comienzan surgir dudas sobre qué está pasando con el resto del 12º Batallón, Delesalle no aparece por ningún lado. Esperaban apoyo de la artillería, pero éste no llegaba.

La artillería republicana apenas si tiene capacidad para operar. Se situó algo alejada de la zona de combate y sin enlace telefónico ¿cómo acertar?

De los otros batallones apenas si se conoce nada. El 10º está estacionado en la zona de la carretera de Marmolejo, junto a la cuesta de las Esperillas y apenas si entró en combate. El 13º con Putz a la cabeza apoya sin cesar al 12º, pero sus ametralladoras pesadas, las Colt americanas se encasquillan continuamente. Hay un grupo de soldados dedicado a desarmarlas, limpiarlas y volver a montarlas.

El resto de compañías del 12º Batallón están nerviosas, ven cómo Nathan y sus hombres avanzan y retroceden, perdiendo soldados en cada intento.

Nathan está decidido a lanzar a sus hombres en un despliegue definitivo hacia el pueblo, pero las ametralladoras Chauchat se fueron encasquillando en cadena y la operación quedó truncada. A Nathan no le quedó más remedio que ordenar el repliegue amparándose en la oscuridad. Eran ya las 11 de la noche. Fue en esos momentos cuando Ralph Fox fue herido de muerte. Wintringhan (1941) cuenta como Fox murió en un acto de apoyo desinteresado a sus compañeros. Al no contarse con enlace telefónico había que llevar en mano un mensaje a una avanzadilla de ingleses situada en una posición difícil. Se trataba de mejorar el emplazamiento de una ametralladora, para lo cual había que atravesar una zona de mucho fuego enemigo. Fox sabía que era una tarea difícil, pero a pesar de esto se presentó voluntario para llevar el mensaje. Corrió de un lado para otro, tratando de organizar la maniobra, entonces fue alcanzado y cayó en tierra de nadie.

Bien entrada la noche se encomendó a un soldado que recuperara la documentación y objetos personales de Fox. Tuvo verdadera suerte y dio con el cuerpo, cogió de sus bolsillos un cuaderno de notas y una carta que había recibido. No había duda, era Fox, así quedó certificada su verdadera muerte. Su cuerpo no pudo ser recuperado porque los fascistas estaban demasiado cerca. Allí quedó, junto a tantos otros, en un lugar no concretado en los alrededores del cerro del Calvario.

Mientras todo esto ocurría, el resto de batallones estaban como ateridos por el frío, por el desconcierto, pero sobretodo, por no saber bien qué hacer. Sólo Putz puso un poco de orden en las tropas y los preparó para pasar la noche.

En el pueblo las horas transcurren también con cierta zozobra. En el grupo escolar no cesaban de llegar muertos y, dada su cercanía de la zona de combate, se sentían los disparos como si fuese allí mismo. Las balas impactaban en ventanales y paredes sembrando el pánico entre los fascistas.

Amaneció el día 28 de diciembre, desde las primeras luces del alba hay un intenso fuego artillero republicano sobre Lopera. La XIV BI iba a atacar este día con todos sus efectivos desde muy temprano. Los batallones 12º y 13º tendrán una actuación destacada.

Por su parte, las tropas nacionales pretenden descongestionar la zona de la carretera de Andújar, para lo cual Redondo dispone todos sus efectivos, creando un embolsamiento de las tropas republicanas. Desde muy temprano se comienza a desplegar la caballería, mucho más numerosa que la republicana, desde el cerro de San Cristóbal en dirección al camino de Marmolejo, al mismo tiempo que abren fuego intenso las ametralladoras de la Policía Montada y toman posiciones los escuadrones de regulares de Melilla y Ceuta, formados por tropas africanas a sueldo que impresionaban a los brigadistas por su vestimenta y su forma de combatir.

Los tres batallones se encuentran posicionados y sus jefes atentos, a excepción de Rasquín, al mando del 10º, que sale de patrulla para reconocer el terreno. Sus hombres quedan a la espera de órdenes, no saben qué hacer. Por su parte, los ingleses, de nuevo, avanzan hasta los alrededores del cerro del Calvario. Se empiezan a instalar a lo largo de la cresta, dando vista a las posiciones franquistas, que de forma muy numerosa se encuentran frente a ellos y a su izquierda. En este empuje logran hacer retroceder a los fascistas a una línea de retaguardia, pero no pueden consolidar sus posiciones y tienen que retroceder. Esta será una tónica a lo largo de toda la jornada.

Los aviones vuelven una y otra vez, los bombardean y ametrallan. Hay muchas bajas. Entre ellas la del poeta John Cornford, el día anterior había cumplido 21 años.

Son momentos críticos, una avalancha de requetés y regulares ha desalojado a los internacionales del Calvario, un cerro insigne para ellos. Putz recibe la orden y manda sin titubear a sus hombres salir de los olivos. Hay ocasiones que su ímpetu es tan grande que en las estrechez del terreno llegan a equivocarse y envían ráfagas a sus propios compañeros de otros batallones. Esto pone de manifiesto el caos y la confusión reinante en un frente donde existía en esos primeros momentos de la mañana una alta densidad de disparos, pasadas continuas de la aviación, bombardeos, granadas que al explotar lanzan por doquier fragmentos mortíferos de metralla.

En el camino de Arjonilla un grupo de requetés han instalado ametralladoras en el cerro y se han pertrechado en unas trincheras que han construido rápidamente y desde allí ametrallan sin cesar a las compañías del 12º Batallón, que no tienen dónde cubrirse, apenas tras algunos montículos de tierra.

Más al oeste, los interbrigadistas del 10º, desesperados por no entrar en combate, son informados bien entrada la mañana de que su nuevo jefe es el francés Boris Guimpel, joven alférez de 25 años que mandaba la compañía de ametralladoras del 13º Batallón. A partir de aquí, el 10º se va a caracterizar por su agresividad para hacer frente a una de las baterías situada en las proximidades del cerro de San Cristóbal. Finalmente, no pudo neutralizarla por falta de morteros y granadas. Rasquín aparecerá dos días más tarde en Andújar y será depuesto (Alcofar, 1973: 284).

Al mediodía falta de todo a los internacionales, comida, agua, municiones. Uno de los lugares donde más se lucha es en las proximidades del Pilar Nuevo. Junto al pilancón donde abrevan los animales, junto al chorro mismo de la fuente yacen varios cadáveres. Allí hay de los dos bandos, aunque fueron los del 13º Batallón los que se llevaron la peor parte al ser fácil blanco desde las ametralladoras instaladas en el cerro de San Cristóbal.

A pesar del descalabro republicano, el pueblo de Lopera ha sufrido un intenso bombardeo de la artillería. Ese día 28 cayeron más de 800 proyectiles de cañón según Copado (1937: 200), sin embargo, las bajas entre los nacionales no fueron tan cuantiosas como hubiera cabido esperar.

La noche se presenta repleta de incógnitas, se temen infiltraciones de las tropas nacionales por los flancos, Walter envía patrullas de reconocimiento y sitúa compañías en lugares estrategias que impidan que lleguen por sorpresa. Se reúne con los mandos y hace un balance de la situación. Lo más importante es reorganizar bien las compañías y las secciones.

Por su parte, las tropas de Redondo cuentan con más comodidades en el pueblo y la intendencia funciona a la perfección con el apoyo de algunos vecinos. En las trincheras, requetés y regulares están alerta a posibles movimientos de los brigadistas.

El martes 29 de diciembre, Redondo decide actuar de acuerdo con las órdenes recibidas de Queipo de Llano que le obligan a marchar sobre Porcuna. Él es consciente de que las tropas internacionales tienen todavía mucho empuje y pueden desbordar sus posiciones, pero también sabe de la importancia de tomar Porcuna y establecer allí un frente sólido manteniendo, a la vez, a Lopera a salvo de la artillería republicana. Por este motivo deja en la localidad al Batallón de Cádiz al mando de Ortiz de Magariño.

Los refuerzos que espera Redondo son una nueva columna que se ha formado de forma acelerada con la finalidad de cubrir su salida de Lopera. A su mando se ha puesto al teniente coronel Eduardo Álvarez de Rementería, que no hará entrada en el pueblo hasta llegada la noche debido a la resistencia por parte de los interbrigadistas y de la III Brigada Mixta de José Mª Galán en el trayecto que debía recorrer entre Villa del Río y Lopera.

En estos enfrentamientos entre Lopera y Villa del Río, dominados algunos tramos de la carretera por tropas republicanas perfectamente posicionadas en los montes que miran a Andújar, José García Carranza, más conocido como “El Algabeño”, pintoresco torero falangista de escaso renombre, caballista de tronío y viva estampa del señorito andaluz, según Moreno Gómez (1985), fue herido de gravedad cuando realizaba tareas de enlace muy cerca del cortijo Medina, en la zona denominada pago del Haza el Barco, junto al cruce de la carretera general Madrid-Cádiz, muriendo en la tarde del día 30 de diciembre en Córdoba.

Volviendo al comienzo de este día, los republicanos apostados en Porcuna iniciaron un intenso bombardeo sobre Lopera, a la vez que la columna de Redondo iba avanzando oculta entre los olivares hacia la vecina localidad.

Los internacionales iniciaron una ofensiva a lo largo de toda la línea del frente. El fuego fue tan intenso que las tropas nacionales tuvieron que retroceder hasta las primeras casas del pueblo. Las tropas internacionales habían conseguido controlar ya las colinas y cerros más importantes de los alrededores del pueblo. El batallón de Cádiz se estaba desmoronando y los brigadistas tenían en sus manos entrar en Lopera.

Redondo, cercano ya a Porcuna, recibió noticias de la situación desesperada de sus tropas en Lopera, por lo que ordenó al comandante Pérez de Guzmán que volviera con rapidez con los requetés de Huelva, Jerez y Córdoba, algo insólito en todas las ofensivas nacionales en Andalucía, según Moreno Gómez (1985). La llegada de de estos refuerzos fue decisiva en la desmoralización de los republicanos que dejaron en el campo de batalla gran cantidad de muertos y armamento, retrocediendo a las posiciones iniciales.

Con toda probabilidad se puede atribuir a ésta la última acción seria de combate, a partir de aquí cundió el desánimo y la tristeza entre los brigadistas que buscaron resguardo entre los olivos.

Así llegó la noche y, aunque los disparos, los fogonazos de los bombardeos desde Porcuna, aunque muy mitigados, no cesaron, los internacionales se replegaron como en días anteriores, pero ahora tocados definitivamente por el fracaso, a la espera de las órdenes de Walter.

Así, amaneció el día 30 repleto de brumas matinales, tras una noche muy fría en la que los camilleros tuvieron mucho trabajo. Algunos heridos quedaron demasiado cerca de las trincheras fascistas y no pudieron ser recogidos. Con las primeras luces del día, Walter pudo comprobar con sus prismáticos el desastre del día anterior y la matanza sufrida por sus tropas en los alrededores del pueblo. Comprendió entonces que se había acabado. Podrían resistir, pero no avanzar para ocupar Lopera.

Este día no hubo apenas enfrentamientos dignos de ser reseñados. Los internacionales desmoralizados sin poder recoger a sus muertos del campo de batalla comienzan a reagrupar las compañías dispersas para iniciar su retirada a las vecinas Arjonilla y Arjona.

Mientras, los republicanos habían enviado refuerzos para taponar un posible avance de los nacionales hasta Andújar y Jaén. El día 30 de diciembre llega a la zona de Torredonjimeno y Arjona la XVI Brigada Mixta al mando del diputado comunista Martínez Cartón.

El día 31 Walter analiza con los jefes de batallón la realidad. El enemigo estaba muy bien preparado y aunque no tuvo tiempo de preparar la batalla contó con la ventaja de la orografía del terreno y la ayuda inestimable de la aviación. Walter hablaba de la bravura de los soldados internacionales, pero se lamentaba de que el adversario dispusiera de tropas bien adiestradas en el arte de la guerra. Walter recibe la orden de replegar hacia zonas republicanas la mayor parte de las tropas, dejando en línea algunas unidades para realizar labores de apoyo a los republicanos desplegados en los alrededores de Lopera. Allí permanecerán hasta finales de enero de 1937.

 

BALANCE FINAL

El balance final de la Batalla de Lopera no puede ser más desalentador para el bando republicado si contemplamos la misma desde el punto de vista de las bajas sufridas. Así, se barajan cifras diversas que van desde los 800 muertos más 500 desertores de Gillain (1939: 14) a los 300 muertos de Delperrié (1982: 142) y Martínez Bande (1986), que además añade 600 heridos y un número grande de desertores y huidos. Sí parece haber una cierta concordancia en los muertos de la compañía inglesa. Castells (1974: 131) habla de 78 brigadistas muertos de los 145 iniciales.

Moreno Gómez (1985: 507) refiere que las bajas por parte nacionalista fueron unas 200.

El frente quedó estabilizado durante toda la guerra civil en esta zona. Las tropas nacionales conquistaron un amplio territorio agrícola, la central hidroeléctrica de El Carpio junto con sus dos fábricas de harina y pueblos de considerable importancia como Bujalance, Montoro, Lopera y Porcuna (Martínez Bande (1986: 163).

El balance más positivo de la Batalla de Lopera es que tras jornadas victoriosas de las dos columnas enviadas por Queipo de Llano para abrir un paso hasta Despeñaperros y liberar a los facciosos pertrechados en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, estas tropas fueron detenidas en su avance sembrando dudas en los dirigentes nacionales y provocando una estabilización del frente que duró el resto de la guerra. El camino quedó cerrado.

 

EL CASO DELESALLE

El denominado “Caso Delesalle” marca el final de la presencia de la XIV Brigada Internacional en Lopera durante el invierno de 1936. Fue un intento de explicar el tremendo fracaso de la Batalla de Lopera, al no estar dispuestos los mandos republicanos a reconocer una derrota, porque suponía de alguna forma admitir que se equivocaron en la estrategia seguida, en la formación de las tropas y en los medios que pusieron a su disposición.

Domanski Dubois, judío polaco, jefe de sanidad de la XIV BI fue quien acusó directamente a Delesalle el día 29 de diciembre. Para enjuiciar a Delesalle se reunió en la vecina localidad de Arjonilla el día 2 de enero de 1937 un tribunal presidido por Putz. Nada se sabe con respecto al abogado defensor.

Marty atribuyó a Delesalle espionaje y traición. La acusación final del fiscal fue la siguiente (Alcofar, 1973: 287; Delperrié, 1982: 145):

  • En la defensa que la compañía inglesa de su batallón hizo de la cota 320, descuidó de forma voluntaria que la artillería cubriera su avance.
  • La bandera roja que agitaba el enemigo fue una de sus maquinaciones para ametrallar a los voluntarios cuando salieron de sus trincheras.
  • El 12º Batallón ametralló al 13º por orden suya.
  • Lanzó al ataque a sus hombres después de ordenarles que descargaran sus armas.

A pesar de la poca credibilidad de las acusaciones, el comisario político Heussler, fiscal del juicio, se buscó diversas artimañas para confundir a los miembros del jurado, y no cuestionó la falta de pruebas fidedignas o sencillamente la imposibilidad material de demostrar las acusaciones. Delesalle fue considerado culpable de traición y ejecutado a continuación.

Nuestra conclusión personal es que se utilizó a Delesalle como chivo expiatorio de las culpas de los dirigentes republicanos. Sobre él recayó todo el peso del fracaso que supuso perder un número tan alto de hombres para detener el avance de los nacionales.

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

La acción de la XIV BI en Andalucía se puede calificar más de una aventura que de una verdadera operación planificada de guerra, una aventura que costó en total miles de vidas y de heridos, y cientos de deserciones y de desaparecidos.

Diversas circunstancias contribuyeron al fatal desenlace. En primer lugar, el ser una zona de paso hacia el Santuario de la Virgen de la Cabeza y Despeñaperros. En segundo lugar, pudo precipitar la llegada a Lopera está el hecho de que el capitán franquista de ingenieros Alfonso Orti, que marchaba con la Columna Redondo, fuese loperano y tuviese en la localidad a su padre. En tercer y último lugar destaca la posición del término municipal de Lopera limitando con poblaciones cordobesas como Cañete de las Torres y Villa del Río.

Tras analizar exhaustivamente los hechos acontecidos y valorar el desenlace de la confrontación, establecemos las siguientes causas como desencadenantes de la derrota republicana:

  • Nula presencia de la avión republicana.
  • La aviación rebelde ametralló y bombardeó a placer a los interbrigadistas.
  • Armamento obsoleto y de muy distintas marcas.
  • Hubo falta de abastecimiento de municiones.
  • Escaso adiestramiento de las tropas en estrategias de guerra.
  • Deserciones, conspiraciones internas y sabotajes.
  • Mandos incompetentes y poco formados.
  • Falta de enlaces telefónicos.
  • Dificultades para comunicarse al hablar lenguas distintas (hasta 19 nacionalidades).

Tras la batalla de Lopera y la depuración de responsabilidades, que como se ha visto, tuvo muy diferente desenlace según los casos, los implicados en la contienda siguieron caminos diversos. La XIV BI fue reorganizada y enviada al frente de Madrid.

 

Antonio Pantoja Vallejo
Doctor en Ciencias de la Educación. Profesor titular de la Universidad de Jaén

José Luis Pantoja Vallejo
Doctor en Historia. Cronista Oficial de la Villa de Lopera.

  


BIBLIOGRAFÍA

Alcofar, J.L. (1973). “Spansky” Los extranjeros que lucharon en la guerra civil española. Barcelona: Dopesa.

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Castells, A. (1974). Las Brigadas Internacionales en la Guerra de España. Barcelona: Ariel.

Copado, B. (1937). Con la Columna Redondo. Combates y conquistas. Crónicas de guerra. Sevilla: Imprenta de la Gavidia.

Delperrie de Bayac, J. (1982). Las Brigadas Internacionales. Gijón: Júcar.

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