Miércoles, 10 Julio de 2013 InicioEl autorColaboracionesContacto
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Buscador de víctimas de la guerra civil y la dictadura franquista
en la provincia de Jaén
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Introducción
1- Sipnosis

2- Necesidad del censo de víctimas

3- Conclusiones del estudio "La Guerra Civil en Jaén"

Cifras mínimas

Mil cuatrocientos muertos más

Muertes sin formación de causa

Mortandad penitenciaria

Represión aérea
Sipnosis

El conflicto bélico iniciado el 18 de julio de 1936 con el levantamiento golpista del General Francisco Franco, sumergió a España en las tinieblas de un dolor inconmensurable, sin parangón. Un país dividido que ya venía arrastrando las tensiones sociales desde que a obreros y campesinos se les ocurrió organizarse para negociar sus derechos con propietarios y patronos. Los primeros movimientos sindicales, las primeras huelgas y las luchas de clases en un país con una tradición caciquil que se pierde en el horizonte de los tiempos tal vez fue el germen de aquella ruptura en dos Españas irreconciliables. Por un lado los que se alinearon con el poder tradicional (monárquicos, militares, propietarios, hacendados, industriales así como la iglesia Católica); y por otro las clases menos pudientes (un campesinado oprimido de antaño, mineros, sectores de la pequeña burguesía, artistas, intelectuales y los militares que se mantuvieron fieles al gobierno republicano legítimamente constituido).

Durante la 2ª Republica la convulsión social y el choque político entre la oligarquía tradicional y los partidos de izquierda fue tornándose virulenta de forma progresiva. Recordemos el levantamiento de Jaca por los hombres del capitán Fermín Galán en 1930, los sucesos de Casas Viejas en 1933, el trágico balance de la huelga general convocada en octubre de 1934 bajo el gobierno conservador (bienio negro) o las refriegas y atentados en los meses previos al golpe militar, como el atentado cometido por un grupo de falangistas sobre el teniente jiennense José Castillo el 12 de julio de 1936 y la respuesta consiguiente con el asesinato de Calvo Sotelo a las pocas horas de la muerte de Castillo.

En la capital de España durante la “primavera Negra”, augurio de la guerra que se barruntaba y en la que izquierdas y derechas plasmaron en asesinatos selectivos sus odios recíprocos, las huelgas y manifestaciones espontáneas se incrementaron de forma alarmante y solían terminar con altercados en los que se producían víctimas, que a su vez provocaban nuevos odios y venganzas en una espiral violenta ante la que el gobierno del Frente Popular se mostró impotente y carente de autoridad.

Este odio larvado se destiló químicamente puro a partir del pronunciamiento militar del 18 de julio de 1936 donde se desató una locura generalizada y se vivieron los momentos más crueles por uno y otro bando. Un torbellino de resentimiento ilimitado suscitó, con una crueldad extrema, diferencias ancestrales y viejas rencillas (no sólo políticas, sino vecinales, incluso familiares) y unos y otros aprovecharon aquel maremagnum para ajustar cuentas pendientes y llevar a cabo su venganza.

Los primeros meses del golpe de Estado fueron especialmente sangrientos. Las zonas que fueron tomadas por el ejército rebelde aplicaron “su justicia” de forma inclemente mediante la aniquilación física de los republicanos y, aun sin tener responsabilidades políticas, extendieron su represión a familiares y amigos en una persecución obsesiva hacia el masón, el comunista, al socialista, el ateo, el apóstata, el “rojo” en general; y convirtieron en “santa cruzada” la búsqueda y captura de los republicanos al viejo estilo de los Autos de Fe inquisitoriales.

Por su parte, en algunas zonas que se mantuvieron fieles a la República (como la provincia de Jaén), el golpe militar fue la excusa que necesitaron algunos para llevar a cabo una revolución de tintes bolcheviques donde la consecución de la dictadura del proletariado pasaba por el anticlericalismo y el exterminio físico de caciques y propietarios, de los “fascistas” en general, que luego se extendió a otros que simplemente tenían algún bien o propiedad, y aún sin ser solvente, por el simple hecho de haberse expresado contrario a lo establecido. Así, unos y otros, “rojos” y “fascistas”, llenaron de cadáveres cunetas, campos y cementerios. Una España tomada por el terror de las sirenas, los bombardeos, los juicios sumarísimos y los pelotones de fusilamiento.

Pero no concluyó el dolor con el fin de la contienda en 1939. El bando vencedor, el insurgente, extendió su venganza más allá de los límites de la razón y durante una prolongadísima posguerra convirtió el país en una inmensa cárcel cercenando los derechos que la clase obrera consiguió con grandes sacrificios durante muchos años de lucha. Aunque las rivalidades políticas y la desaforada lucha de clases se fue complicando progresivamente durante los años treinta, la violencia y la represión política se desató de forma imparable tras el golpe militar del 18 de julio de 1936 y se extendió hasta 1950 en lo que se ha dado a conocer como el primer franquismo. Era la España del luto, de las cartillas de racionamiento, del estraperlo, de la misa diaria, de la censura, del pudor moral, la del fundamentalismo católico, la del sometimiento y la humillación impenitente, la del exilio y la emigración, y así hasta la implantación hegemónica de un régimen dictatorial que se prolongó nada menos que cuarenta años. Esta fue la vida que le tocó malvivir a nuestros abuelos y bisabuelos.

Salvo los municipios de Alcalá la Real, Porcuna y Lopera que fueron tomadas por las tropas franquistas, la provincia de Jaén se mantuvo bajo el control republicano hasta el último día. Entre 1936 y 1939 en la provincia acaecen dramáticos episodios que dejarán huella en la memoria colectiva tales como los “trenes de la muerte”, los “paseíllos”, los cruentos bombardeos”, las “sacas del 37”, el asedio al Santuario de la Virgen de la Cabeza, los frentes de Alcalá la Real, Porcuna y Lopera, las incautaciones o el anticlericalismo. Entre 1939 y 1950, en lo que se denomina primer franquismo, se sucede la represión, las venganzas, los falsos suicidios, los fusilamientos masivos, la exposición de cadáveres, el hacinamiento penitenciario, la lucha guerrillera en las sierras o la aplicación de la “ley de fugas”. Episodios que tiñeron de sangre y dolor la historia de los jiennenses y sobre la que poco se conoce porque poco se ha estudiado hasta ahora. La obra “La Guerra Civil en Jaén (historia de un horror inolvidable)” de Luis Miguel Sánchez Tostado realiza un recorrido por cada uno de estos episodios con un importante aporte documental y testimonial. En el presente disco se ofrecen el resumen de las conclusiones así como sus gráficos y estadísticas más significativos.
© Luis Miguel Sánchez Tostado
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